domingo, 28 de enero de 2018

Planear. Llegar. Estar. Quedarse o marcharse.

  "Viste que Beth se fue? Se volvió a Estados Unidos" me contaban en un grupo de whatsapp hace unos días, Beth es otra asistente de idioma que estaba haciendo el mismo programa acá en Francia. No la conocí, a decir verdad sólo la vi dos o tres veces porque era la compañera de casa de otro argentino. Lo máximo que interactuamos fue en un viaje de fin de semana en grupo, parecía esas personas que se evaden de la realidad, muy observadora y por momentos con comentarios extraños pero realmente nunca la conocí.
  Y entonces, ¿por qué me importa su partida? La respuesta es muy sencilla, ella renunció. Como asistentes tenemos un contrato por siete meses en el cual el gobierno francés se compromete a asignarte doce horas de trabajo semanales en escuelas primarias o secundarias, a localizarte en donde ellos lo desean de acuerdo a las necesidades de cada institución y teniendo en cuenta tres zonas de preferencia que elegimos antes de viajar, a darte la cobertura médica de la seguridad social y el salario mínimo correspondiente al puesto. Eso es básicamente todo lo que sabemos al momento de postularnos. Luego de quedar nominada los docentes de tu academia se ponen en contacto con vos y te explican lo básico además, si tenes suerte, te consiguen alojamiento barato y generalmente dentro del colegio. Con esta pequeña reseña te subís a un avión y te bajas en territorio francés.
  No puedo evitar pensar la cantidad de veces que en mi cabeza sonó un "renuncio", es muy sencillo que te gane el miedo y el cansancio, ni hablar de la lucha diaria con la melancolía pero algo me detuvo, todas esas veces hubo una razón más fuerte para quedarme y me angustia un poco pensar que ella no la tuvo, que debe haber sufrido mucho más de lo que me pueda imaginar y no le quedo nada que la retuviera acá. 
  ¿Qué me retiene? No, no es la minúscula habitación en la que vivo, tampoco es un flechazo mágico con un europeo como en las películas ni las ganas de huir como pensaba. No es nada de eso, es simplemente la libertad. Libertad que llegó cargada de oportunidades con las que ni me atrevía a soñar, el hecho de vivir en otro país ya es una locura difícil de dimensionar, sumado a eso viene la libertad de viajar y conocer muchas ciudades diferentes en países diferentes, paisajes, comidas, gente, experiencias que te sacuden y te abren la mente. Por otro lado también sé que tengo colegas que me ayudan mucho y me invitan a ser parte de sus vidas por un rato. No puedo dejar de lado tampoco la oportunidad de conocer asistentes de todas partes del mundo y crear un lazo instantáneo con cada uno. 
  Por lo tanto acá sigo, firme y relajada, desde la que me gusta llamar "mi casa franchuta" planeando mis horas de clase de la semana, organizando mis futuros viajes y tratando de absorber todo antes de que tenga que volver a mi patria, lo cual sucederá antes de lo que imagino.

lunes, 16 de octubre de 2017

Mi soledad y yo

  "Ya te vas a acostumbrar" es lo que me repito casi a diario.
  Llegué a Paris el 25 de septiembre, después de casi un día de vuelo, mi primer vuelo que fue menos dramático de lo que esperaba. El hecho de pasarlo con otra asistente lo volvió relajado y divertido. Una vez en el aeropuerto tuvimos que separarnos y ahí empezó la aventura real: mi valija estaba rota, tuve que reclamarla, haciendo malabares llegué al hostel y pude relajarme, salir a caminar, empaparme del lugar donde siempre había querido estar. El segundo día no podía irse sin que viera la torre; ahí pude caer un poco en donde estaba, en la locura de hacer realidad mi sueño pero como todas las emociones extremas llegan y se ven reemplazadas rápidamente por su equivalente opuesto;  me encontré llorando desconsolada por estar sola y haber tomado una mala decisión.
  Lo que voy aprendiendo es que en estos momentos no hay tiempo para detenerse a sentirse mal, por el contrario hay que correr, hay trenes que tomar, hay citas programadas, un nuevo destino me esperaba. Rochefort, la ciudad donde me asignaron me recibió con su silencio y su calma característicos.
  Creería que ya pasé por todos los estados de ánimo posibles: lloré como loca, como nunca lloré en mi vida, me enojé por no estar cómoda, me odié por haber decidido venir, me calmé resolviendo los problemas puntuales, me contenté de no sentirme tan sola y de saber que otros estaban en mi misma situación. Pude encontrar actividades que me hacen muy feliz, pasear por el río, ir conociendo ciudades cercanas que son una maravilla llenas de paisajes impensados, sacados de películas para mi cabeza; comer! comer las delicias de pastelería con las que se me hacía agua la boca en clase de estudios sociales. Estoy de verdad en Francia, estoy viviendo donde siempre quise vivir, estoy haciendo realidad el desafío más grande que me propuse jamás.
  Sigo pensando que es más difícil de lo que imaginaba, que quizás no lleguen a entenderlo quienes no lo vivieron y trato de darme un respiro cada vez que me dan ganas de patear el tablero. Voy entendiendo que mi cuerpo se está acostumbrando a otros horarios de vida, a otra cultura, a no escuchar mi lengua casi nunca, a estar lejos de mis amistades y no poder decir "en media hora nos tomamos una birra", es sentirse un poco desplazada de sus vidas, a tener que lavar la ropa a mano y colgarla en una soga de 20 centímetros adentro de un baño en el que apenas entro yo, a estar escribiendo esto desde un teclado francés que tiene todo dado vuelta mientras veo en la tele un progama aburridísimo y a minutos de poner a hervir agua para lo fideos de siempre. Es tiempo y son ganas de querer hacer de esto la experiencia de mi vida o dejar que me gane la melancolía.
  Conmigo no van a poder.
  

lunes, 4 de septiembre de 2017

Es la hora de huir, la despedida

 El sábado fui a un pub con dos amigas por necesidad imperiosa de levantarles el ánimo, una se está separando y conviviendo a la vez, a la otra la echaron de la casa. La noche tenía que remontar como sea. En medio de toda la gente una de mis amigas reconoce a un flaco de su facultad y nos ponemos a hablar con él. En un momento la charla gira en torno a relaciones a distancia, los tres coincidíamos en que no funcionan. Mi amiga entonces tira, con un dejo de orgullo muy lindo, "y si, ella menos va a creer si ahora se está por ir a vivir afuera", casi instantáneamente el chico replica "ah y estás de novia?" a lo que respondo que lo estuve hasta principios de este año y en ese instante el flaco me acribilla "de una, entonces lo tenes re superado si te vas a ir".
 Pareciera ser que el hecho de que me vaya a vivir afuera por un tiempo debe llevar consigo todas las preguntas con respecto a mi estado civil más aún sobre mi ex. No hubo una persona que no me preguntara por él cuando el tema del viaje surgiera, que si sabe que me voy, que si me dijo algo, que si nos separamos por eso (acá en realidad se hacen los psicólogos y dicen "es obvio que se separaron por eso"), que si lo volví a ver. Una se va acostumbrando a la respuesta sistemática: sonrisa y parpadeo "no, todo bien, cada uno hizo la suya" que no es más que la realidad. Ahora lo que no me esperaba para nada fue ese test de cuán superado está el duelo proveniente de un total desconocido. Di la respuesta pertinente con los ojos de mi amiga clavados en mi, me baje de la banqueta en la que estaba sentada y me fui adentro a bailar la brasilera de moda.
 Con la fecha de partida comiéndome los talones te confieso que tu persona anduvo rondando mis pensamientos, era obvio pero no deja de ser molesto. Esa falsa necesidad de palabras de el que fue mi compañero por muchos años y que vio crecer este proyecto agoniza en la fortaleza de saber correctos cada uno de mis movimientos post ruptura, el orgullo de cumplir la promesa "vos sabes que me borro de tu vida de verdad" nockea al recuerdo borroso y distorsionado de una voz que ya perdió todos sus matices en un rostro que probablemente no sea el que refleja mi inconsciente. La ansiedad y la urgencia se apagaron en otros cuerpos.
  Hace tiempo dejé de asustarme cuando vuelvo unos casilleros para atrás y empecé a sentirme tranquila de estar haciendo de una vez por todas en lugar de estar haciéndome la boluda. No me voy a despedir de vos, ya está hecho, ya se cubrió la despedida a lo largo de nuestras tres separaciones por lo que elijo este no-accionar. Al fin y al cabo lo único que importa es cómo manejo yo toda esta basura. 

lunes, 17 de julio de 2017

Bon voyage M.A.

 Hoy me levanté sintiéndome muy tranquila, como con una especie de calma profunda, no es algo que suceda regularmente. Estoy acostumbrada a despertarme y llenar mi cabeza de un millón de preguntas, de cosas por hacer y la tranquilidad no encuentra su lugar. Como estaba muy relajada y sumado al hecho de que estoy en mis vacaciones de invierno (que hermosa es la docencia!!) me dispuse a ver el capítulo final de una serie después de almorzar, el escenario era perfecto: estaba sola, nadie iba a interrumpir, la estufa al mango, netflix en el tele grande y gomitas.
 La expectativa era alta, en el medio del capítulo la vida de la protagonista de 22 años toma un giro inesperado y debe irse a vivir de viaje por un tiempo, lo que la lleva a despedirse de todos. Será que las casualidades no existen, será que necesito ver qué me está pasando o será que las hormonas se me revolucionaron de golpe y como resultado me encontré con la cara empapada de lágrimas y los brazos cruzados. Sentí que yo me estaba despidiendo, vislumbré cómo me van a hablar las personas que quiero, razoné qué van a sentir mis viejos y mi hermano y ahora mismo me tiemblan las patitas mientras lo escribo. Siento que no estoy lista, no soporto las despedidas.
 La semana pasada con la excusa de despejarme me fui a visitar a mis primas de Coronda y un par de días los pasamos en Santa Fe con sus amigas, de las cuales una se está por ir a vivir a España por un tiempo. La anoche antes de volverme fuimos mi prima, su amiga y yo a tomar una cerveza por ahí y en el medio de la charla esta chica me cuenta que su pronta partida la tiene muy sensible, que siempre fue una piba cerrada, arisca se define (ay cómo me pegó esa palabra!) que todos siempre la veían como dura pero que ahora se encontraba llorando en público y no lo podía creer. Cerrando la noche ella se toma un taxi y me grita desde la ventanilla "Ah y buen viaje!" a lo que yo le respondo "Para vos también!" No pude evitar quedarme pensando en lo mucho que me relacionaba con esta chica, yo también me voy, sí tengo fecha de vuelta pero me voy a ir, me voy a ausentar por ocho meses de la vida que conozco desde hace veinticinco años. Se me queman los papeles.
 Entonces así estoy, sensible, muy receptiva, muy introspectiva. Estoy muy atenta a lo que siento, a cómo me afectan las cosas y también siento que estoy queriendo recolectar momentos, que me quedo detenida en las miradas, en las palabras, que "saco fotos" con la mente cuando voy viajando en el bondi como si tuviera miedo de que desaparezcan los paisajes de mi mente.
 Decidir irme fue lo mejor que pude hacer por mi carrera, por mi vida personal y por mi éxito pero cómo me duele que hace unas semanas las palabras que más escucho sean "Y cuándo te ibas?" "Ah ya estás!"

jueves, 22 de junio de 2017

LLevarme muy lejos de casa

 Conforme pasan las semanas se acerca la fecha de mi viaje, el viaje de mi vida, el proyecto más grande que encaré hasta el momento y necesito sacar para afuera el manojo de sentimientos que voy cargando a diario.
 En primer lugar me invade un sentimiento con el que no suelo conectar muy seguido, el orgullo, me gané una beca, yo lo gané. Por muchos años no quise postular, siempre dudando de mi capacidad, siempre comparándome con el resto, diría mi antigua psicóloga: "proyectas todo lo positivo que tenes y no permitís que te destaquen", bueno ok, lo voy entendiendo. Esta vez me sentí capaz, lo decidí después de un sueño, volví a mi casa y descargué los formularios con una determinación envidiable. Pasé meses juntando papeles, haciendo el pasaporte, completando cartas y una vez enviado todo pasé una entrevista. Pude mostrar todo mi potencial, más auténtica que nunca. Creo que esta última parte es la que más me enorgullece.
 Me volví a poner a prueba cuando me pidieron presentar un proyecto de clases que acompañe mi candidatura, todas las dudas posibles aparecieron: ¿qué puedo ofrecer yo a adolescentes franceses? ¿qué puedo mostrar de interesante de la cultura argentina? ¿cómo sé si soy buena dando clases? ¿y si no me da el cuero? ¿y si no es original? Otra vez dudando de mi valor y una vez más sobreponiéndome a ello. Siento orgullo y amor por el proyecto que presenté, no me conformé, no fui a lo seguro, me enamoró el reto, las ganas de dejarlo todo y de mostrar mis pasiones más allá de si luego no llego a materializarlo.
 Se van pasando las pruebas y voy creyendo que la presión va a disminuir, ¡qué ingenua! La presión la pongo yo, la exijo, coqueteo con la forreada esa. Cada una de las responsabilidades me suman nervios y cuando resuelvo una creo que todo pasó, me relajo por diez minutos y ya empieza otra vez la catarata de nuevas responsabilidades. Compré el pasaje, me saqué mucho peso, e instantáneamente me preocupaba por el seguro de viaje, la valija, la cantidad de objetos mínimos e indispensables que tengo que comprar. Es un vicio.
 Toda mi energía esta puesta en este proyecto, me ocupa la mente todo el tiempo, planeo todo al rededor de mis próximos 8 meses de estadía en Francia. Me cuesta mucho frenar para siquiera ver cómo estoy, la palabra sobrepasada adquirió un nuevo sentido para mi, el trabajo se me vuelve tan asfixiante como necesario pero nada de esto opaca lo más fuerte que late en mi mente: la expectativa, la felicidad, la libertad.
 Por suerte las charlas con amigos hacen que florezcan todos esos buenos sentimientos, ir averiguando lugares para conocer, comentarle a un amigo mis "incontournables", ver las solicitudes de amistad de completos desconocidos becarios como yo y preguntarnos todo mil veces; todo eso lo vuelve más real y sí el miedo está queriendo ganarle a las ganas pero tengo un arma secreta en descubrimiento: fortaleza /endurance /stamina /fermezza 

viernes, 2 de junio de 2017

¿Cecilia o Fabiana?

  "El amor después del amor, tal vez se parezca a este rayo de sol" ¿cuánta dulzura cabe en una canción? ¿cuánto Fito anda suelto por ahí escribiéndole a su Chechu? ¿cuántos amores épicos se dan luego de un gran amor? ¿cuándo me tocará mi "amor después"?
  Es el aniversario de ese disco perfecto del rosarino que más marcó mi vida, que adoro desde que tengo uso de razón, cada uno de sus temas tiene un momento en mi y en esto quiero hacer hincapié, es literal: cada canción de Fito es un momento de mi vida, una persona, un beso, un esperar arreglada media hora antes de la cita, un exclamar que llueve sobre mojado a los gritos por calle Santa Fe a las tres de la mañana yendo a un boliche con una (ex) amiga, es recitarme el bello Abril que (debería creerme que) soy yendo al colegio, es no saber quién te crees que sos a mis veinte recién cumplidos, es un acercamiento, una señal, un paso al frente el año pasado en el colectivo camino a mi trabajo porque siempre Narciso y Quasimodo que tanto cansan. Podría seguir, no quiero desnudarme tanto. 
  Volviendo a ese disco hermoso, nunca me cansé de escuchar esos temas, hitazos indiscutibles de fogón, una y otra vez conforme pasan los veinticinco años que tiene y que tengo yo. Me transporta a mi infancia, a mi papá poniéndolo en cassette una tarde de sábado, a verme en un vidéo cantándolo con sólo un añito y chirolas, un poco me recuerda a mi antigua (bueno, bueno antigua suena fuerte, suena a que pasó hace cuarenta siglos y en realidad fue hasta hace cinco meses atrás) relación, en realidad tengo un recuerdo muy preciso: leer una frase de ese tema en tu nick del msn y preguntarte sin rodeos si me la podía atribuir, qué creída! 
  También creo un poco que por largo rato me va a hacer pensar en vos (no te creas que mi discurso directo te da poder, es más interesante que referenciarte) por cuestiones obvias compartidas pero por encima de todo porque fuiste "el amor", fuiste un amor, fuiste mi amor, fui tu amor, fuimos siete años de amor pero lo más bello es que Rodolfo nos está gritando que no se terminó el amor para ninguno de los dos, que va a venir "el amor después" y que este último no tiene porqué invalidar al anterior, ni competirle, ni torturarle, ni medirse con él. 
  No tengo la receta, no tengo apuros, sólo la esperanza que me dejó Fito Páez, a la que pienso recurrir cada vez que me rompa en mil pedazos.

viernes, 12 de mayo de 2017

La zone de confort

 De muy chica me gustaba creerme solitaria, de esas que tienen un grupo de amiguitas muy reducido, que no se llevan con los demás fácilmente y en parte era verdad, no me sentía cómoda haciendo nuevos amigos, siempre me vi como "el bicho raro" que no iba a encajar. ¿Cómo iba a saber si encajaba si no lo intentaba? Me fui armando mi zona de confort muy pequeñita.
 Con la llegada de la adolescencia eso fue cambiando de a poco, me vi envuelta en otros grupos, con otras personas y me empecé a sentir cómoda dándome a conocer tal cual era, para mi sorpresa le agradaba a los demás. Fui ampliando mi grupo de amistades, algunas permanecen hasta la fecha.
 Conforme pasa el tiempo te das cuenta que ser solitario no es una virtud sino un arma de defensa. Para mi darme a conocer implicaba que pudieran juzgar, opinar, entrar, ver, tocar, dejar su huella y eventualmente quizás irse dejando un hueco, me aterraba esa idea.
 Hace algunos años mis círculos fueron ampliándose por diferentes motivos y descubrí que me sentía cómoda en la dinámica de "conocer gente nueva", me vi desenvolviéndome sin problemas en escenarios diversos sabiendo que si bien por momentos me siento "el bicho raro", la "bohemia", la "idealista", está lleno de bichos raros por ahí.
 Todo esto viene a mi mente porque me encuentro en el momento más fuera de mi zona de confort posible, en pocos meses me voy a vivir a otro país sola, con todo lo que eso conlleva y sólo puedo pensar en la enorme cantidad de personas que voy a dejar entrar en mi vida, en los tantos lugares donde voy a tener que estar sola y viendo qué hacer y me encanta la idea. Sin ir más lejos hoy chatee con una chica de Buenos Aires que busqué por ese viaje, si me invitan a comer a casas de amigos de amigos voy y charlo de todo con todos, a fin de año me invitaron de rompe y raje a una graduación donde conocía a dos personas y fui sin dudarlo, en todos los casos termino disfrutando momentos con gente desconocida.
 Consejito: salí de esa comodidad absurda que no te permite darte a conocer, al fin y al cabo la vida es la suma de experiencias, no te prives de vivirlas.